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EXHORTACIÓN PASTORAL DEL OBISPO DE CARTAGENA,
MANUEL UREÑA PASTOR, Queridos Hermanos Cofrades: Como ya va siendo tradicional en torno a la Cuaresma, me dirijo a vosotros, cristianos de todas las Hermandades y Cofradías de la Diócesis, para compartir los anhelos e inquietudes que llevo en mi corazón de Padre y Pastor de todos. El Jubileo de la Encarnación que se clausuraba el día de la Epifanía del Señor, ha sido el objetivo pastoral prioritario de nuestra Diócesis. La gran movilización de las conciencias que el Espíritu ha promovido entre los fieles de nuestra Iglesia diocesana se ha puesto de manifiesto en esa afluencia masiva de peregrinos de las más diversas categorías, proveniente de todos los rincones de la geografía de nuestra Región, hacia la Santa Iglesia Catedral, como Iglesia Madre presidida por el Obispo, mostrando así la unidad de toda la Iglesia como la única Iglesia de Cristo. LA RELIGIOSIDAD POPULAR Las Hermandades y Cofradías no han estado ajenas a esta corriente impetuosa de la gracia de Dios que, sin duda, ha tocado y movilizado las conciencias de tantos. Desde la experiencia que me ha dado el presidir como Obispo de la Diócesis todas las celebraciones jubilares en la Santa Iglesia Catedral, he constatado, una vez más, como la "religiosidad popular", de la que son una expresión singular las Hermandades y Cofradías, ha constituido un cauce privilegiado de evangelización en este año jubilar. No hay que olvidar que "la mayor parte de los fieles, sean niños o adultos, incultos o instruidos, pobres o ricos, viven plenamente inmersos en este clima de devoción popular. Acogen y expresan la fe cristiana no con las categorías cultas de la 'teología de escuela' sino con códigos propios y particulares, cuyo contenido es, con frecuencia, rico en símbolos y experiencias vitales"1 "Convendría, pues, valorizar con el oportuno discernimiento, las formas populares"2 de religiosidad. "Es este un aspecto de la evangelización que no puede dejarnos insensibles". "Refleja una sed de Dios que solamente los pobre y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Ante todo hay que ser sensibles a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables". Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo".3 . "Todo cristiano le debe a la religiosidad popular mucho más de lo que piensa en su vivencia de la fe cristiana".4 ELEMENTOS DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR La experiencia jubilar ha puesto de manifiesto el gran servicio que han prestado a la evangelización los elementos más significativos la religiosidad popular. ¿Quién no recuerda las múltiples peregrinaciones de parroquias y arciprestazgos que, con la imagen de su especial devoción han arrastrado tras de sí a una ingente masa de peregrinos? En muchas de esas peregrinaciones, ha sido tal la afluencia de gentes que ha puesto a prueba el esfuerzo de los organizadores, tanto del voluntariado del Jubileo como de la misma policía municipal. A todos ellos deseo expresarles mi agradecimiento. Pero lo más notable, además del número, ha sido constatar, también en nuestra Diócesis, "el serio esfuerzo de oración, de reflexión y de comunión que estos encuentros han manifestado",5 fruto de una intensa preparación en las parroquias y arciprestazgos. Las imágenes de Nuestro Señor Jesucristo y de la Sma. Virgen, representadas bajo diversas advocaciones, han servido "para sostener la oración y la devoción de los fieles"6 tanto en la preparación como en la misma celebración del Jubileo. Cuando las imágenes se ofrecen al creyente para ser ayudado en la oración y en la vida espiritual, cuando se respeta, en definitiva, la naturaleza y finalidad de las mismas, las imágenes sagradas "acercan el misterio de Dios a los hombres, ayudan a la instrucción del pueblo sencillo; mueven nuestra devoción y alimentan nuestra vida cristiana, ya que el hombre asimila mejor lo que oye si lo ve".7 ¿Quién no recuerda como marcó la vida de Teresa de Jesús el encuentro fortuito con la diminuta imagen del "Ecce Homo" cubierto de llagas y de sangre? Y vuestros símbolos: la luz, la túnica, el cíngulo, la salida procesional, etc., bien enraizados en la Sagrada Escritura, pueden constituir referentes expresivos para la oración y la catequesis de los Hermanos y Cofrades. En definitiva, nuestras Hermandades y Cofradías, como comunidades cristianas, tienen que llegar a ser auténticas "escuelas de oración".8 No podemos encogernos de hombros creyendo que los miembros de nuestras Hermandades y Cofradías están incapacitados para rezar. ¡Rezad primero vosotros, miembros de las Juntas directivas, rezad juntos! "Hagamos la experiencia de los discípulos en el episodio evangélico de la pesca milagrosa"Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada" " (Lc 11,1).9 Pero habéis de saber que " rezar tampoco es algo que pueda darse por supuesto. Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: " Señor, enséñanos a orar " (Lc 11,1).10 Pedid a vuestros Consiliarios, como hicieron aquellos primeros discípulos del Maestro, que os ayuden a orar, de modo que "la educación en la oración se convierta en un punto determinante" de vuestra programación. 11 Hay una tentación que insidia especialmente a nuestras Hermandades y Cofradías: "pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar".12 Invertid tiempo y esfuerzo en la oración. Si no lo hicierais cederíais fácilmente a la seducción de considerar como prioritario lo que no son sino sucedáneos. No podéis olvidar que estáis contextualizados en un tiempo y en un lugar concretos, y por consiguiente también sometidos a las presiones secularizantes de la sociedad que intentan difuminar lo "cristiano". El marco que se ofrece para la interpretación de la realidad no sería ya el del Evangelio de Cristo sino el de la sociedad civil. En este sentido os exhortaba el año pasado en relación con la Semana Santa: "Poco importa que las guías de turismo califiquen nuestros actos de "interés turístico"; no importa que los medios de comunicación puedan anunciar nuestras celebraciones como "hecho cultural nacido de la inmanencia del pueblo". Y menos todavía nos importa la afluencia de gentes sólo atraídas por el esplendor de las imágenes y por la perfección dramática de los cofrades. ¡Basta ya de pretender secularizar lo que nació sagrado, es sagrado y será siempre sagrado! ¡Basta ya de perseguir inculturar el ateísmo en el alma religiosa de los hombres!.13 "Todo gesto, todo programa, toda la vida comunitaria, toda la actividad formativa, toda obra de caridad, toda celebración y procesión, todo culto y devoción, de cada una de las Hermandades tienen que ser repensados y propuestos por cada una de ellas, dentro de una actitud orante, de comunión, para que todo conduzca hacia Cristo".14 LITURGIA Y RELIGIOSIDAD POPULAR La misericordia de Dios que tan copiosamente se ha derramado sobre multitud de personas ha supuesto una experiencia inédita del amor de Dios, que ha tenido su momento más expresivo en las celebraciones eucarísticas del Jubileo. Hemos podido comprobar cómo las manifestaciones de fe expresadas por el pueblo durante el Jubileo, orientadas y guiadas por las indicaciones de la liturgia, han ayudado a fecundar la fe a partir del corazón, haciendo más piadosas las celebraciones litúrgicas.15 Vuestro Directorio lo dice expresamente: "Nuestras Hermandades y Cofradías deben recuperar las celebraciones litúrgicas". 16 Pues si bien es verdad que "la sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia" 17 y "la participación en la sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual"18 sin embargo "la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza".19 De ahí que "las celebraciones Litúrgicas y en especial la Eucaristía, deben ocupar el centro de la vida cristiana de nuestras Hermandades y Cofradías. La Iglesia por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el Misterio pascual cada semana, en el día que es llamado con razón, día del Señor o domingo".20 Sería, pues, deseable que las Hermandades y Cofradías se integraran en la misa dominical de sus Parroquia, animando la celebración liturgica. "Muy especialmente procuren fomentar en sus asociados las Celebraciones Litúrgicas de la Semana Santa: del Jueves y Viernes Santo, y de la Vigilia Pascual del Domingo de Resurrección", 21de modo que los horarios de estos ejercicios piadosos como son el Vía Crucis, las procesiones, etc. se regulen "con el horario de la celebración litúrgica de tal manera que aparezca claro que la Acción litúrgica por su misma naturaleza está por encima de los ejercicios piadosos."22 EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Si se quisiera señalar alguna característica particular de Año Jubilar, sin duda habría que resaltar la participación masiva de fieles en el sacramento de la Penitencia.23 Ello ha puesto de manifiesto el primer gran don del Jubileo: el don del arrepentimiento y del perdón completo de nuestros pecados, gracias al sacramento de la penitencia y a la indulgencia jubilar. Purificada nuestra mirada hemos cruzado la Puerta Santa con el deseo de contemplar, "con mirada más pura", el rostro de Cristo. La Puerta Santa no es más que el símbolo de este encuentro con Él. "Cristo es la verdadera 'Puerta Santa' que nos abre el acceso a la casa del Padre y nos introduce en la intimidad de la vida divina".24 Si se habló de crisis del sacramento de la penitencia, la afluencia masiva de penitentes a este sacramento, constituye un mensaje esperanzador. A vosotros especialmente, miembros de las Juntas Directivas, junto con vuestros Consiliarios, os corresponde acercar la misericordia y el perdón de Dios sobre todos los miembros de vuestra Hermandad o Cofradía programando y presentando con "confianza, creatividad y perseverancia" el sacramento de la penitencia. Las celebraciones que lleváis cabo en vuestras Hermandades y Cofradías, besapies, Vía Crucis, imposición de medallas, fiesta del titular, tiempos litúrgicos fuertes, etc., llevan tales componentes de expresividad, que arrancan el deseo de purificación en los corazones, incluso en los más recalcitrantes. ¡Objetivad esos nobles sentimientos en el perdón sacramental, facilitándoles el sacramento de la penitencia! LA FORMACIÓN DE LOS HERMANOS Y COFRADES Uno de los grandes retos que aguardan a nuestras Hermandades y Cofradías para el nuevo milenio es la formación: "Una minoría de edad cristiana y eclesial no puede soportar las embestidas de una sociedad crecientemente secularizada". 25 "La Iglesia, que ha considerado siempre la formación de los fieles como una de las tareas más esenciales de su quehacer, es también consciente de su importancia decisiva en unos momentos en que las circunstancias cambian con vertiginosa rapidez, poniendo cada día nuevos interrogantes con los cuales ha de confrontarse la fe de los creyentes". 26 Las Hermandades y Cofradías, llamadas a ser ámbitos propicios para la formación cristiana de sus miembros deben invertir con magnanimidad tiempo, esfuerzo y recursos humanos y económicos para la formación de sus cofrades. Es un deber que atañe en primer lugar a los Presidentes y miembros de las Juntas Directivas quienes deben "adquirir la formación conveniente que se requiere para desempeñar bien su función, y para ejercerla con conciencia, generosidad y diligencia". 27 Todas las Hermandades y Cofradías deben contar con un plan de formación bien estructurado, conocido por todos los miembros de la asociación y aprobado por la autoridad eclesiástica. El Concilio Vaticano II señala algunos de esos medios: "tales como congresos, reuniones, ejercicios espirituales, asambleas numerosas, conferencias, libros, comentarios, para lograr un conocimiento más profundo de la Sagrada Escritura y de la doctrina católica, para nutrir su vida espiritual, para conocer las condiciones del mundo y encontrar y cultivar medios convenientes". 28 Esta formación del laicado constituye una de las prioridades de la Diócesis. 29 UN SIGNO DE CARIDAD De cara al Año Jubilar el Santo Padre nos exhortaba a los Obispos del Sur de España a no dejar que ninguno de vuestros fieles y comunidades permaneciera insensible ante estas realidades que la Iglesia encuentra en su camino: al desempleado, al joven de esperanza derruida, mecido en la trivialidad o devastado por la droga, al emigrante que llega de otras tierras, a mujeres despreciadas, niños sin amparo y hombres privados de su dignidad que son una llamada constante de atención frente a tantas proclamaciones como se hacen en una sociedad que parece sentirse satisfecha y pagada de sus logros. 30 Finalizado ya el Gran Jubileo, Juan Pablo II pregunta: "¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental; quien no tiene techo donde cobijarse?". Y añade: "Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse: " He tenido hambre y me habéis dado de comer, he tenido sed y me habéis dado que beber; fui forastero y me habéis hospedado; desnudo y me habéis vestido, enfermo y me habéis visitado, encarcelado y habéis venido a verme " (Mt 25,35-36)". 31 "El culto, aunque constituya la finalidad principal de una Cofradía o asociación piadosa, no puede absorber todas las energías. Más aún, la autenticidad del culto se verifica también en la práctica real del amor fraterno".32 "A nivel institucional y corporativo, las Cofradías y Asociaciones piadosas deberían destinar una parte proporcional, no meramente simbólica, de sus ingresos para obras de promoción humana y de caridad, llevadas a cabo por las mismas asociaciones o por las instituciones ya existentes en la Iglesia y en la sociedad". 33 El "Signo Jubilar" que ha llevado a cabo nuestra Iglesia Diocesana, como respuesta a las exigencias del Evangelio, no es más que una pequeña muestra de ese gran amor hacia los hermanos que no quiere "ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día". 34 Que la Sma. Virgen María, la gran oyente de la Palabra, os impulse en la andadura del nuevo milenio que comenzáis, a fin de que, como Ella, sepáis escuchar, en medio de la multitud de 'palabras' que nos ofrecen cada día, la Palabra que "por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo". Os bendice paternalmente vuestro Obispo Manuel
Ureña Pastor NOTAS 1 COMITÉ
PARA EL JUBILEO DEL AÑO 2000, Jesucristo, Salvador del mundo,
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