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En
agosto de 1573, en presencia de autoridades y clero, dos
frailes franciscanos de La Reforma Alcantarina tomaron posesión
de la ermita que había a poco más de media legua a las afueras
hacia el sur de Jumilla y dedicada a la gloriosa Abuela
Santa Ana.
En
ese mismo año ya eran ocho los franciscanos que formaban
la Comunidad, por lo que les era insuficiente el espacio
de la ermita y se busca la cercanía de la otra fuente, hoy
“Fuente de la Jarra”, para edificar una casa de mayor habitabilidad,
el hasta hoy convento de Santa Ana.
Entre
otras joyas espirituales y culturales está el Cristo amarrado
a la columna, talla en madera de ciprés policromada, obra
de Francisco Salzillo, tallada en 1755-56. El padre Salmerón
describe la imagen como “de perfecta estatura, muy llagada
y ensangrentada, y que mueve mucho a compasión...”.
Este santuario monasterio está ubicado en lo alto de la
sierra, es de una belleza incomparable, cualquier peregrino
puede sentir la llamada de Dios, al igual que todos los
santos.
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